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Galloloquismo a lo Miguel Vargas

Opiniones
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Si desafortunada fue la carta de Miguel Vargas donde le informa al reputado psiquiatra César Mella que lo quitará del cargo de director del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), “para colocar a otro compañero”, no menos infeliz ha sido la “justificación” que de semejante desaguisado hace el ministro Administrativo José Ramón Peralta.

Si desafortunada fue la carta de Miguel Vargas donde le informa al reputado psiquiatra César Mella que lo quitará del cargo de director del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), “para colocar a otro compañero”, no menos infeliz ha sido la “justificación” que de semejante desaguisado hace el ministro Administrativo José Ramón Peralta.

Con su nada diplomático mensaje, el canciller por circunstancias nos ha hecho recordar a Trujillo, cuando humillaba a sus funcionarios “destutanándolos” por cualquier ¡quítame esta paja’. Un abuso de poder, una desconsideración y una falta de tacto entendible solo en personas sin una noción clara de cómo se debe manejar el Estado y por tanto trata a los funcionarios como peones de su finca.

Tratar a un profesional de la talla de César Mella como a un correveidiles cualquiera, que ocupa un puesto gracias a la benevolencia del jefe, es ya demasiado.

Pero más aun, la carta del canciller y la defensa de Peralta también nos dice que el galloloquismo no ha muerto. Que en nuestro país el Estado es visto como un botín y que los ganadores tienen derecho a repartírselo a su manera.

Algunos dicen que César Mella se merece el trato que le ha dado el presidente del PRD por haberse quedado en esa organización, cuando está claro que hace tiempo eso dejó de ser un partido y que es administrado como una franquicia propiedad de Miguel.

Pero no. Tan solo por su dilatada trayectoria profesional, por sus aportes a la sociedad, él merecía y merece un trato más respetuoso, y más de un potencial paciente suyo, pues al fin y al cabo todos aquí estamos al borde de la locura.

Que en pleno siglo XXI un aliado del partido de gobierno pueda disponer del cargo de un profesional sin que este haya cometido ninguna falta, es una señal de lo poco que hemos avanzado en materia institucional.

Esa falta de institucionalidad, junto con la corrupción y la impunidad, es uno de los grandes desafíos que enfrenta nuestra sociedad.

En cualquier otro país el trato de Miguel a César Mella habría provocado alarma. Pero lamentablemente, aquí el galloloquismo es una epidemia peor que la gripe aviar y puede pasar desde la granja de la Cancillería hasta el Palacio Nacional. ¡Qué pena!